«SÓCRATES. —Oh, Pan querido, y demás dioses de este lugar, concededme el ser bello en mi interior. Y que cuanto tengo al exterior sea amigo de lo que hay dentro de mí. Ojalá considere rico al sabio, y sea el total de mi dinero lo que nadie sino el hombre moderado puede llevarse consigo o transportar. ¿Necesitamos pedir algo más, Fedro? A mí lo que he suplicado me basta.
FEDRO. —Suplícalo también para mí, puesto que son comunes las cosas de los amigos».
FEDRO. —Suplícalo también para mí, puesto que son comunes las cosas de los amigos».
(PLATÓN, Fedro, 279 c. Trad. Luis Gil. Editorial Labor, Barcelona, 1983).