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No hay hechos, sino sólo interpretaciones

«Contra el positivismo que se queda en el fenómeno, “sólo hay hechos”, yo diría no, precisamente no hay hechos, sólo interpretaciones. No podemos constatar ningún factum “en sí”; quizás sea un absurdo querer algo así. “Todo es subjetivo”, decís vosotros: pero ya eso es interpretación, el “sujeto” no es algo dado sino algo inventado y añadido, algo puesto por detrás. ¿Es en última instancia necesario poner aún al intérprete detrás de la interpretación? Ya eso es invención, hipótesis.

En la medida en que la palabra “conocimiento” tiene sentido, el mundo es cognoscible; pero éste es interpretable de otro modo, no tiene un sentido detrás de sí, sino innumerables sentidos, “perspectivismo”.

Son nuestras necesidades las que interpretan el mundo: nuestros impulsos y sus pros y sus contras. Cada impulso es una especie de ansia de dominio, cada uno tiene su perspectiva, que quisiera imponer como norma a todos los demás impulsos».
(F, NIETZSCHE, Fragmentos póstumos, (1885-1889), vol IV, 7 [60]. Ed. D. Sánchez Meca. Trad. J. L. Vermal y J. B. Llinares. Tecnos, Madrid, 2006, p. 222).

Los juicios presuntamente verdaderos son ficciones útiles para la vida

«La falsedad de un juicio no es para nosotros ya una objeción contra el mismo; acaso sea en esto en lo que más extraño suene nuestro nuevo lenguaje. La cuestión está en saber hasta qué punto ese juicio favorece la vida, conserva la vida, conserva la especie, quizás incluso selecciona la especie; y nosotros estamos inclinados por principio a afirmar que los juicios más falsos (de ellos forman parte los juicios sintéticos a priori) son los más imprescindibles para nosotros, que el hombre no podría vivir si no admitiese ficciones lógicas, si no midiese la realidad con la medida del mundo puramente inventado de lo incondicionado, idéntico-a sí mismo, si no falsease permanentemente el mundo mediante el número, ­—que renunciar a los juicios falsos sería renunciar a la vida, negar la vida. Admitir que la no-verdad es condición de la vida: esto significa, desde luego, enfrentarse de modo peligroso a los sentimientos de valor habituales; y una filosofía que osa hacer esto se coloca, ya sólo con ello, más allá del bien y del mal».
(F. NIETZSCHE, Más allá del bien y del mal, I, 4. Trad. A. Sánchez Pascual, Alianza Editorial, Madrid, 1997, p. 24).

El sentimiento de la verdad procede de la obligación de usar las metáforas convencionales

«No sabemos todavía de dónde procede el impulso hacia la verdad, pues hasta ahora solamente hemos prestado atención al compromiso que la sociedad establece para existir: ser veraz, es decir, utilizar las metáforas usuales; por tanto, solamente hemos prestado atención, dicho en términos morales, al compromiso de mentir de acuerdo con una convención firme, mentir como borregos, de acuerdo con un estilo obligatorio para todos. Ciertamente, el hombre se olvida de que su situación es ésta; por tanto, miente de la manera señalada inconscientemente y en virtud de hábitos seculares —y precisamente en virtud de esta inconsciencia, precisamente en virtud de este olvido, adquiere el sentimiento de la verdad».
(F. NIETZSCHE, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Trad. L. M. Valdés. Cuadernos Teorema, Valencia, 1980, p. 10).

La noción de percepción correcta carece de sentido

«Le cuesta trabajo reconocer ante sí mismo que el insecto o el pájaro perciben otro mundo completamente diferente al del hombre y que la cuestión de cuál de las dos percepciones del mundo es correcta carece totalmente de sentido, ya que para decidir sobre ello tendríamos que medir con la medida de la percepción correcta, es decir: con una medida de la que no se dispone. Pero, por lo demás, la “percepción correcta” —es decir: la expresión adecuada de un objeto en un sujeto— me parece un absurdo lleno de contradicciones, puesto que entre dos esferas absolutamente distintas, como lo son el sujeto y el objeto, no hay ninguna causalidad, ninguna exactitud, ninguna expresión, sino, a lo sumo, una conducta estética, quiero decir: un extrapolar abusivo, un traducir balbuciente a un lenguaje completamente extraño, para lo que, en todo caso se necesita una esfera intermedia y una fuerza mediadora, libres ambas para poetizar e inventar».
(F. NIETZSCHE, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Trad. L. M. Valdés. Cuadernos Teorema, Valencia, 1980, pp. 13 -14).

La verdad son metáforas humanas de las que se ha olvidado que lo son

«¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal».
(F. NIETZSCHE, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Trad. L. M. Valdés. Cuadernos Teorema, Valencia, 1980, pp. 9 -10).