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Crítica del relativismo: la tesis de que toda representación es verdadera es contradictoria

«No se puede decir, por tanto, que toda representación es verdadera, por la posibilidad de retorcer el argumento, tal como enseñaban Demócrito y Platón, al refutar a Protágoras. Puesto que si toda representación es verdadera, también será verdadera la proposición de que no toda representación es verdadera, en cuanto subyace a ella una representación. Y, en consecuencia, la proposición de que toda representación es verdadera resultará ser falsa».
(SEXTO EMPÍRICO, Contra matemáticos, VII, 389. En Sofistas. Testimonios y fragmentos, Prot. A 15. Trad. A. Melero. Gredos, Madrid, 1996, p. 101).

Diferencias entre el escepticismo radical o pirronismo y el escepticismo moderado o probabilismo de Carnéades

«En efecto, los de la Academia dicen que algo es bueno o malo no en el mismo sentido que nosotros, sino estando convencidos de que es más probable que sea objetivamente bueno lo que ellos dicen que es bueno que lo contrario; y lo mismo sobre lo malo. Cuando nosotros decimos que algo es bueno o malo, nada tiene que ver con que creamos que lo que decimos sea probable, sino que lo decimos siguiendo sin dogmatismos los imperativos de la vida a fin de no ser unos negados para actuar.

Además nosotros decimos que las representaciones mentales son equivalentes en credibilidad o no credibilidad a la hora de argumentar, mientras que ellos afirman que unas son probables y otras improbables. Y entre las probables hablan de diferencias, pues aducen que unas en realidad son sólo eso: probables; y otras, probables y contrastadas; y otras, probables, contrastadas y no desconcertantes. Por ejemplo, cuando en una habitación suficientemente oscura hay tirada una cuerda enroscada, en el que entra de repente se produce una representación meramente probable de ella en forma de serpiente; sin embargo, para el que examina y contrasta la situación —por ejemplo que no se mueve, que el color es tal y cada uno de los demás detalles— aparece como una cuerda según una representación probable y contrastada. Y una representación no desconcertante además, sería algo así: se dice que habiendo muerto Alcestis , Hércules la sacó nuevamente del Hades y se la mostró a Admeto, el cual captaba una imagen probable y contrastada de Alcestis; pero sabiendo que ella había muerto, su mente se retraía desconcertada de dar el asentimiento y se inclinaba a la desconfianza.

Los de la Academia Nueva anteponen, desde luego, la representación probable y contrastada a la simplemente probable; y a ambas, la probable, contrastada y no desconcertante.

Y si se dice que tanto los de la Academia como los escépticos creen en algunas cosas, incluso en eso es evidente la diferencia de sus filosofías.

En efecto, lo de creer se dice en sentidos distintos. Por un lado, al hecho de no ponerse en contra y aceptar algo llanamente, sin una propensión ni un interés exagerados, como dicen que el niño cree a su maestro. Por otro, al hecho de convencerse de algo de una vez por todas, por cuestión de elección y con la convicción característica del querer vehementemente, como el pervertido se deja persuadir por quien aprueba lo que sea vivir licenciosamente.

Por lo cual, también en eso nos diferenciaríamos de ellos, puesto que los seguidores de Carnéades y Clitómaco dicen que algunas cosas son probables y que las creen con acusada convicción; mientras que nosotros creemos simplemente en el sentido de asentir, sin vehemencia.

Pero también nos diferenciamos de la Academia Nueva en lo referente al fin. En efecto, los hombres que dicen regirse por ella se sirven en la vida principalmente de lo probable, mientras que nosotros vivimos haciendo caso sin dogmatismos de las leyes, las costumbres y los instintos naturales».
(SEXTO EMPÍRICO, Esbozos pirrónicos, I, 23, 226-231. Trad. A. Gallego y T. Muñoz. Gredos, Madrid, 1993, 128-130).

No se puede dilucidar la cuestión de si existe un criterio de verdad sin caer en círculo vicioso o en un regreso al infinito

«Pues bien, entre los que trataron del criterio hay quienes afirmaron que existe; como los estoicos y algunos otros. También hay quienes afirmaron que no existe; como, además de otros, Jeníades de Corinto y Jenófanes de Colofón, que dice: Y la opinión se ha impuesto en todo. Y nosotros dudamos de si existe o no.

Por fuerza, o bien dirán que esta disputa es dilucidable o bien que es indilucidable. Pero si es indilucidable, concederán a partir de ahí que es posible que haya que mantener en suspenso el juicio. Y si es dilucidable, digan por medio de qué será dilucidada ¡cuando ni tenemos un criterio admitido ni sabemos seguro —antes bien, es lo que estamos investigando— si existe!

Y por otra parte, para que la disputa surgida en torno al criterio quede dilucidada, es preciso que tengamos un criterio que ya esté admitido, por medio del cual podamos dilucidarla. Pero para que tengamos un criterio admitido, antes es preciso que la disputa en torno al criterio esté dilucidada. Y así, al incurrir su argumentación en el tropo del círculo vicioso, el hallazgo del criterio se vuelve problemático. Sin que nosotros les permitamos tampoco —por hipótesis— coger un criterio. Y haciéndoles caer en una recurrencia ad infinitum si desean dilucidar un criterio con otro criterio. Y además, como la demostración está necesitada de un criterio ya demostrado. Y el criterio lo está de una demostración ya dilucidada, caen en el tropo del círculo vicioso».
(SEXTO EMPÍRICO, Esbozos pirrónicos, II, 4, 18-21. Trad. A. Gallego y T. Muñoz. Gredos, Madrid, 1993, pp. 142-143).

El segundo tropo: las mismas cosas no afectan del mismo modo a las mismas personas, luego no se puede conocer qué son las cosas en sí mismas

«Pues bien, dado que la elección y el rechazo están en el placer y el desagrado, y dado que el placer y el desagrado residen en el sentido y en la imaginación: entonces, es lógico que concluyamos, puesto que las mismas cosas unos las eligen y otros las rechazan, que no son afectados de la misma forma por las mismas cosas, pues también elegirían y evitarían lo mismo.

Pero si las cosas mueven el ánimo de modo diferente según los distintos hombres, también de eso podría seguirse lógicamente la suspensión del juicio; siendo nosotros seguramente capaces de decir qué parece cada uno de los objetos según cada una de esas diferencias, pero no estando capacitados para declarar qué es objetivamente».
(SEXTO EMPÍRICO, Esbozos pirrónicos, I, 14, 87 -88. Trad. A. Gallego y T. Muñoz. Gredos, Madrid, 1993, pp. 80-81).

Los cinco tropos de Agripa

«Los escépticos más recientes (1) dan estos cinco tropos de la suspensión del juicio:

El primero, el de “a partir del desacuerdo”.
El segundo, el de “caer en una recurrencia ad infinitum”.
El tercero, el de “a partir del con relación a algo”.
El cuarto, el de “por hipótesis”.
El quinto, el del círculo vicioso.

El de “a partir del desacuerdo” es aquel según el cual nos damos cuenta de la insuperable divergencia de opiniones que surge en torno a la cuestión propuesta, tanto entre la gente corriente como entre los filósofos; y por ella concluimos en la suspensión del juicio al no poder elegir ni rechazar ninguna.

El de “a partir de la recurrencia ad infinitum” es aquel en el que decimos que lo que se presenta como garantía de la cuestión propuesta necesita de una nueva garantía; y esto, de otra; y así hasta el infinito; de forma que, como no sabemos a partir de dónde comenzar la argumentación, se sigue la suspensión del juicio.

El de “a partir del con relación a algo” es —según hemos dicho— el de que el objeto aparece de tal o cual forma, según el que juzga y según lo que acompaña su observación, y que nosotros mantenemos en suspenso el cómo es por naturaleza.

El de “por hipótesis” se da cuando, al caer en una recurrencia ad infinitum, los dogmáticos parten de algo que no justifican, sino que directamente y sin demostración creen oportuno tomarlo por convenio.

El tropo del círculo vicioso ocurre cuando lo que debe ser demostrado, dentro del tema que se está investigando, tiene necesidad de una garantía derivada de lo que se está estudiando. En ese caso, no pudiendo tomar ninguna de las dos cosas como base de la otra, mantenemos en suspenso el juicio sobre ambas».
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(1) «Escépticos más recientes». Debe entenderse Agripa.
(SEXTO EMPÍRICO, Esbozos pirrónicos, I, 15, 164-169. Trad. A. Gallego y T. Muñoz. Gredos, Madrid, 1993, pp. 102-103).