«Pues bien, dado que la elección y el rechazo están en el placer y el desagrado, y dado que el placer y el desagrado residen en el sentido y en la imaginación: entonces, es lógico que concluyamos, puesto que las mismas cosas unos las eligen y otros las rechazan, que no son afectados de la misma forma por las mismas cosas, pues también elegirían y evitarían lo mismo.
Pero si las cosas mueven el ánimo de modo diferente según los distintos hombres, también de eso podría seguirse lógicamente la suspensión del juicio; siendo nosotros seguramente capaces de decir qué parece cada uno de los objetos según cada una de esas diferencias, pero no estando capacitados para declarar qué es objetivamente».
(SEXTO EMPÍRICO, Esbozos pirrónicos, I, 14, 87 -88. Trad. A. Gallego y T. Muñoz. Gredos, Madrid, 1993, pp. 80-81).