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La diferencia entre sentido y referencia: la referencia es el objeto designado por un signo, mientras que el sentido es el modo de designarlo

«Si el signo “a” sólo se diferencia del signo “b” como objeto (en este caso por su forma), y no como objeto (es decir, no por el modo como designa algo), entonces el valor cognoscitivo de a=a sería esencialmente el mismo que el de a=b, caso de que a=b fuera verdadero. Una distinción puede darse únicamente en el caso de que la diferencia de signos corresponda a una diferencia en el modo de darse lo designado. Sean a, b, c,las rectas que unen los ángulos de un triángulo con el punto medio de los lados opuestos, El punto de intersección de a y b es entonces el mismo que el punto de intersección de b y c. Tenemos, pues, designaciones distintas para el mismo punto, y estos nombres (“intersección de a y b”, “intersección de b y c”) indican al mismo tiempo el modo de darse el punto, y de ahí que en el enunciado esté contenido auténtico conocimiento.

Es natural considerar entonces que a un signo (nombre, unión de palabras, signo escrito), además de lo designado, que podría llamarse la referencia del signo, va unido lo que yo quisiera denominar el sentido del signo, en el cual se haya contenido el modo de darse. Según esto, en nuestro ejemplo, la referencia de las expresiones “el punto de intersección de a y b” y “el punto de intersección de b y c” sería ciertamente la misma, pero no sería el mismo su sentido. La referencia de “lucero matutino” y de “lucero vespertino” sería la misma, pero el sentido no sería el mismo».
(G. FREGE, «Sobre sentido y referencia». En Estudios sobre semántica. Trad. U. Molines. Ariel, Barcelona, 1984, pp. 52-53).

La diferencia entre sentido, referencia y representación mental en el caso de los nombres propios

«La referencia de un nombre propio es el objeto mismo que designamos con él; la representación que tenemos entonces es totalmente subjetiva; entre ambas se halla el sentido, que ciertamente ya no es subjetivo como la representación, pero, con todo, tampoco es el objeto mismo. Quizá sea adecuada la siguiente analogía, para ilustrar estas relaciones. Alguien observa la Luna a través de un telescopio. Comparo la Luna con la referencia; es el objeto de observación, que es proporcionado por la imagen real que queda dibujada sobre el cristal del objetivo del interior del telescopio, y por la imagen en la retina del observador. La primera imagen la comparo con el sentido; la segunda, con la representación o intuición. La imagen formada dentro del telescopio es, en verdad, sólo parcial; depende del lugar de observación; pero con todo es objetiva, en la medida en que puede servir a varios observadores. Podría incluso disponerse de modo que pudieran utilizarla varios simultáneamente. Pero, de las imágenes retinianas cada uno tendría la suya propia. Apenas podría lograrse una congruencia geométrica, debido a la diferente constitución de los ojos, y una coincidencia real estaría excluida».
(G. FREGE, «Sobre sentido y referencia». En Estudios sobre semántica. Trad. U. Molines. Ariel, Barcelona, 1984, pp. 57- 58).

La diferencia entre sentido, referencia y representación mental

«De la referencia y del sentido de un signo hay que distinguir la representación a él asociada. Si la referencia de un signo es un objeto sensiblemente perceptible, la representación que yo tengo de él es entonces una imagen interna formada a partir de recuerdos de impresiones sensibles que he tenido, y de actividades que he practicado, tanto internas como externas. Esa imagen está frecuentemente impregnada de sentimientos; la claridad de cada una de sus partes es diversa y vacilante. No siempre, ni siquiera en la misma persona, está unida la misma representación al mismo sentido. La representación es subjetiva: la representación de uno no es la del otro. Por ello se dan múltiples diferencias en las representaciones asociadas al mismo sentido. Un pintor, un jinete y un zoólogo asociarán probablemente representaciones muy distintas al nombre “Bucéfalo”. Por eso se diferencia la representación esencialmente del sentido de un signo, el cual puede ser propiedad común de muchos y que, por tanto, no es parte o modo de la mente individual; pues ciertamente no se podrá negar que la Humanidad tiene un tesoro de pensamientos, que transmite de una generación a otra».
(G. FREGE, «Sobre sentido y referencia». En Estudios sobre semántica. Trad. U. Molines. Ariel, Barcelona, 1984, p. 56, sin notas).

El fisicalismo: las proposiciones psicológicas se pueden traducir a proposiciones acerca de sucesos físicos en los cuerpos de las personas

«Las supuestas proposiciones psicológicas —ya sean proposiciones concretas acerca de las mentes de otros, acerca de un estado pasado de la mente de uno mismo o acerca del estado presente de esta misma mente o proposiciones psicológicas en general— son siempre traducibles a un lenguaje fisicalista. Específicamente, toda proposición psicológica se refiere a sucesos físicos que tienen lugar en el cuerpo de la persona (o personas) en cuestión; por ello, la psicología resulta una parte de la ciencia unificada, basada en la física. No queremos significar por “física” al sistema de las leyes físicas actualmente conocidas, sino más bien a aquella ciencia caracterizada por el procedimiento para la formación de sus conceptos: reduce todo concepto a relaciones de magnitud, esto es, a una sistemática atribución de números a puntos espacio-temporales; entendida así la “física”, podemos expresar nuestra tesis —tesis parcial del fisicalismo— del modo siguiente: la psicología es una rama de la física».

(R. CARNAP, «Psicología en lenguaje fisicalista», 8. En A. J. AYER (ed.), El positivismo lógico, VIII. Varios traductores. F.C.E., Madrid, 1978, pp. 202-203).

El fisicalismo: las proposiciones psicológicas se pueden traducir a proposiciones físicas

«Todas las expresiones psicológicas que tienen sentido, es decir, que, en principio, resultan verificables, se pueden traducir a proposiciones que no incluyen conceptos psicológicos, sino sólo conceptos de la física. Las proposiciones de la psicología son, por tanto, proposiciones fisicalistas. La psicología en una parte integral de la física».
(C. HEMPEL, «The Logical Análisis of Psychology». En H. FEIGL y W. SELLARS, Readings in Philosophical Analysis, Applenton-Century-Crofts, New Cork, 1949, p. 378).