«Las supuestas proposiciones psicológicas —ya sean proposiciones concretas acerca de las mentes de otros, acerca de un estado pasado de la mente de uno mismo o acerca del estado presente de esta misma mente o proposiciones psicológicas en general— son siempre traducibles a un lenguaje fisicalista. Específicamente, toda proposición psicológica se refiere a sucesos físicos que tienen lugar en el cuerpo de la persona (o personas) en cuestión; por ello, la psicología resulta una parte de la ciencia unificada, basada en la física. No queremos significar por “física” al sistema de las leyes físicas actualmente conocidas, sino más bien a aquella ciencia caracterizada por el procedimiento para la formación de sus conceptos: reduce todo concepto a relaciones de magnitud, esto es, a una sistemática atribución de números a puntos espacio-temporales; entendida así la “física”, podemos expresar nuestra tesis —tesis parcial del fisicalismo— del modo siguiente: la psicología es una rama de la física».
(R. CARNAP, «Psicología en lenguaje fisicalista», 8. En A. J. AYER (ed.), El positivismo lógico, VIII. Varios traductores. F.C.E., Madrid, 1978, pp. 202-203).