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Versión semántica de la teoría de la verdad como adecuación o correspondencia

«4. Un criterio de adecuación materia de la definición. Empecemos con un ejemplo concreto. Consideremos la oración “la nieve es blanca”. Nos preguntamos en qué condiciones esta oración es verdadera o falsa. Parece claro que, si nos basamos sobre la concepción clásica de la verdad, diremos que la oración es verdadera si la nieve es blanca, y falsa si la nieve no es blanca. Por consiguiente, si la definición de verdad ha de conformarse a nuestra concepción, debe implicar la siguiente equivalencia

La oración “la nieve es blanca” es verdadera si, y sólo si, la nieve es blanca.

Obsérvese que la oración “la nieve es blanca” figura entre comillas en el primer miembro de esta equivalencia, y sin comillas en el segundo miembro. En el segundo miembro tenemos la oración misma, y en el primero el nombre de la oración. Empleando la terminología lógica medieval, también podríamos decir que en el segundo miembro las palabras “la nieve es blanca” figuran en suppositio formalis, y en el primero en suppositio materialis. Apenas hace falta explicar por qué debemos poner el nombre de la oración, y no la oración misma, en el primer miembro de la equivalencia. En primer lugar, desde el punto de vista de la gramática de nuestro lenguaje, una expresión de la forma “X es verdadera” no se convertirá en una oración significativa si en ella reemplazamos “X” por una oración o por cualquier otra cosa que no sea un nombre, ya que el sujeto de una oración sólo puede ser un nombre o una expresión que funciones como nombre. En segundo lugar, las convenciones fundamentales que regulan el uso de cualquier lenguaje requieren que, toda vez que nos pronunciemos acerca de un objeto, sea el nombre del objeto el que se emplee y no el objeto mismo. Por consiguiente, si deseamos decir algo acerca de una oración —por ejemplo, que es verdadera— debemos usar el nombre de la oración y no la oración misma».
(ALFRED TARSKI, «La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica»,I, 4, sin notas. Trad. M. Bunge, E. O. Colombo, E. Arias y L. Fornasari. En L. VALDÉS (ed.), La búsqueda del significado. Tecnos, Madrid, 1991, pp. 278-279).

Exposición de las versiones tradicionales de la teoría de la verdad como adecuación o correspondencia

«3. El significado del término “verdadero”. El problema del significado (o intensión) del concepto de verdad plantea dificultades muchos más graves.

La palabra “verdad”, como otras del lenguaje cotidiano, ciertamente no es inequívoca. Y no me parece que los filósofos que han tratado este concepto hayan ayudado a disminuir la ambigüedad. En las obras y discusiones de filósofos encontramos muchas concepciones diferentes de la verdad y la falsedad; debemos indicar cuál de ellas constituirá la base de nuestra discusión.

Quisiéramos que nuestra definición hiciese justicia a las intuiciones vinculadas con la concepción aristotélica de la verdad, intuiciones que encuentran su expresión en las conocidad palabras de la Metafísica de Aristóteles:

Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso, mientras que decir de lo que es que es, o de lo que no es que no es, es verdadero.

Si quisiéramos adaptarnos a la terminología filosófica moderna quizá podríamos expresar esta concepción mediante la familiar fórmula:

La verdad de una oración consiste en su acuerdo (o correspondencia) con la realidad.

En cambio, si decidimos extender el uso popular del término “designa” aplicándolo no sólo a nombres, sino también a oraciones; y si acordamos hablar de los designados [designata] de las oraciones como “estados de cosas”, posiblemente podríamos usar, para los mismos fines, la oración siguiente:

Una oración es verdadera si designa un estado de cosas existente.

Sin embargo, todas estas formulaciones pueden conducir a diversos equívocos, pues ninguna de ellas es suficientemente precisa y clara (aunque esto se aplica mucho menos a la formulación aristotélica que a cualquiera de las otras); en todo caso, ninguna de ellas puede considerarse una definición satisfactoria de la verdad. De nosotros depende que busquemos una expresión más precisa de nuestras intuiciones».
(ALFRED TARSKI, La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica, I, 3. Trad. M. Bunge, E. O. Colombo, E. Arias y L. Fornasari. En L. VALDÉS (ed.), La búsqueda del significado. Tecnos, Madrid, 1991, pp. 277-278).