Crítica del relativismo: no es posible que dos proposiciones contradictorias sean ambas verdaderas, ni que todas sean verdaderas o todas falsas

«Semejante a lo expuesto es también lo dicho por Protágoras. Éste, en efecto, afirmó que el hombre es medida de todas las cosas, que es como decir que lo que opina cada uno es la pura verdad. Pero, si es así, resulta que la misma cosa es y no es, es mala y es buena, y así lo demás que se dice en los juicios contradictorios, ya que muchas veces a unos les parece que una cosa es hermosa y a otros lo contrario, y la medida es lo que parece a cada uno.

Pero esta dificultad se resuelve si se considera de dónde tomó principio esta suposición. Algunos, en efecto, creen que procede de la opinión de los fisiólogos, y otros, del hecho de que no todos juzgan lo mismo acerca de lo mismo, sino que a unos les parece dulce una cosa determinada, y a otros, lo contrario. [...]

Por lo demás, prestar igual atención a las opiniones y a las fantasías de los que se contradicen mutuamente es necedad; pues necesariamente estará equivocada una de las partes. Y esto es claro por lo que sucede a la percepción sensible; pues nunca la misma cosa parece a unos dulce y a otros lo contrario, a no ser que unos tengan corrompido o dañado el órgano que siente y juzga dichos sabores. Y, si es así, habrá que admitir que los unos son medida, pero que no lo sean los otros. Y esto lo aplico igualmente a lo bueno y a lo malo, a lo hermoso y a lo feo y a las demás cosas semejantes. Pues la mencionada opinión es igual que si lo que les parece a los que se oprimen con el dedo la parte inferior del ojo y hacen que una cosa parezca dos, puesto que así lo parece, y nuevamente una, pues, a los que no mueven el ojo, una les parece una. […]

Por consiguiente, está claro que las proposiciones contradictorias no pueden ser simultáneamente verdaderas acerca de lo mismo; ni los contrarios, puesto que toda contrariedad implica privación, lo cual resulta evidente para quien analice hasta el principio los enunciados de los contrarios. De igual modo, tampoco puede predicarse de una misma cosa ninguno de los intermedios; pues, si el sujeto es blanco, al decir que no es ni negro ni blanco, faltaremos a la verdad; pues resulta que es blanco y no lo es; en efecto, uno de los términos enlazados se dirá de él con verdad, y éste es un contradictorio de blanco. […]

Asimismo, tampoco es posible que todas las proposiciones sean falsas ni verdaderas, por otros muchos inconvenientes que se seguirían de esta afirmación y porque, si todas son falsas, quien diga esto mismo tampoco dirá verdad, y, si son verdaderas, no mentirá quien diga que todas son falsas».
(ARISTÓTELES, Metafísica, K, (XI), 6, 1062 b 12 1063 b 35. Trad. V. García Yebra. Gredos, Madrid, 1982, pp. 554-562).