El escepticismo moderado incurre en el dogmatismo o en escepticismo radical; pero éste o renuncia a hacer afirmaciones o se refuta a sí mismo

«1. Encontramos dos forma de él: A. La radical de Pirrón de Elis (contemporáneo de Alejandro Magno). No hay, según Pirrón, ningún conocimiento seguro. Y, justamente por ello, ningún juicio tiene justificación lógica. B. La mitigada: hay, sin embargo, probabilidad.

2. Crítica. Es imposible probabilidad sin seguridad, pues un juicio de probabilidad dice que algo es un caso entre múltiples casos pensables, o sea: que yo sé que tantos o cuantos casos son posibles, pero que no sé cuál es real. Sin este saber que me dice “sé esto y no sé esto otro”, no hay, pues, probabilidad.

Y además: el juicio de que al tirar la moneda cabe esperar el caso “cara”con probabilidad 1/2 sería, a su vez, solamente probable; pero entonces tampoco este juicio que dice que es probable sería seguro, y así in infinitum. Cada nuevo juicio de probabilidad construido de este modo dependería en su grado de probabilidad de los que lo preceden; con lo que, en la complejidad resultante, la probabilidad de la validez de todo juicio de probabilidad descendería por debajo de todo grado finito, es decir, se anularía.

3. Así, pues, sólo es consecuente la forma radical; pero, a su vez, únicamente en caso de que renuncie a toda aserción, incluida la de que ella misma es correcta y consecuente. Pero si el escéptico enmudece, no ofrece ocasión de tenerlo en cuenta; y si no enmudece, se contradice y se refuta a sí mismo».
(F. BRENTANO, Breve esbozo de una teoría general del conocimiento, II. Trad. M. García-Baró. Encuentro, Madrid, 2001, pp. 15 -16).