La duda sobre el mundo inteligible: Dios ha podido querer que nos engañemos, lo cual sería aún más probable cuanto más imperfecta fuera nuestra causa

«También dudaremos de todas las otras cosas que nos han parecido muy ciertas en otro momento, incluso de las demostraciones de la matemática y de sus principios, aun cuando sean bastante manifiestos por sí mismos, dado que hay hombres que, razonando sobre tales materias, se han equivocado. Pero, hemos de dudar principalmente porque hemos oído decir que Dios, creador nuestro, puede hacer cuanto le plazca y aún no sabemos si ha querido hacernos de modo tal que siempre estemos equivocados, incluso de aquellas cosas que estimamos conocer mejor. Dado que ciertamente ha permitido que en algunas ocasiones estemos equivocados, tal como se ha hecho notar, ¿por qué no podría permitir que siempre nos equivocásemos? Y si deseáramos fingir que un Dios todopoderoso no es el autor de nuestro ser y que subsistimos por nosotros mismos o por cualquier otro medio, tendríamos tanto más motivo para creer que no somos tan perfectos como para no ser continuamente objeto de engaño».
(R. DESCARTES, Los principios de la filosofía, I, 5. Trad. Guillermo Quintás. Alianza Editorial, Madrid, 1995, p. 24).