«Pero, dado que no tenemos otro propósito en este momento que el de entregarnos a la indagación de la verdad, pondremos en duda, en primer lugar, si de cuantas cosas caen bajo nuestros sentidos o de cuantas hemos podido imaginar, hay algunas que son verdaderamente en el mundo, bien porque sabemos por experiencia que nuestros sentidos nos han inducido a error en circunstancias diversas —siendo imprudente prestar confianza a quienes nos han engañado, aun cuando sólo lo hayan realizado en una oportunidad—, bien porque casi siempre mientras dormimos, nos parece que sentimos vivamente y que imaginamos claramente una infinidad de cosas que no son en modo alguno; y cuando se está resuelto a duda de todo, no resta traza alguna a partir de la cual se pudiera discernir si los pensamientos que acontecen durante el sueño son más falsos que los que acaecen durante el estado de vigilia».
(R. DESCARTES, Los principios de la filosofía, I, 4. Trad. Guillermo Quintás. Alianza Editorial, Madrid, 1995, p.23).