No hay principios innatos

§ 24. No son innatos, puesto que no son universalmente asentidos. Para concluir este argumento del consentimiento universal, convengo, con los defensores de los principios innatos, en que, si son innatos, es necesario que gocen de un asentimiento universal; porque, que una verdad sea innata y sin embargo no sea asentida es para mí tan ininteligible como que un hombre conozca una verdad y al mismo tiempo la ignore. Pero, en tal caso, por confesión propia de aquellos defensores, esos principios no pueden ser innatos, puesto que no reciben el asentimiento de quienes no entienden los términos, ni tampoco por parte de muchos que los entienden, pero que jamás han escuchado ni pensado en esas proposiciones, y que, me parece, constituyen por lo menos la mitad de la humanidad. Pero, suponiendo que ese número de personas sea mucho menor, bastará para destruir el argumento del asentimiento universal, y de ese modo mostrar que esas proposiciones no son innatas, sólo con que admitamos que los niños son los que ignoran aquellas proposiciones».
(J. LOCKE, Ensayo sobre el entendimiento humano, I, II, § 24. Trad. E. O’Gorman. FCE, México, 1999, p. 36).