«Atendamos en primer lugar a la tesis según la cual la inducción es el único método cognoscitivo que conduce a juicios universales. Examinemos, para ello, primeramente el juicio “todos los juicios universales establecidos legítimamente han sido obtenidos con ayuda de la inducción”.
Este juicio es, a su vez, también universal; por lo tanto, la afirmación establecida en él respecto de otros juicios universales tiene también que valer respecto de sí mismo. Si pretende ser más que un puro aserto, si ha de expresar un conocimiento, entonces tiene él mismo que haber sido hallado inductivamente. Ahora bien, los juicios inductivos, en el mejor de los casos, pueden poseer una probabilidad muy alta. Como hemos visto, hay que dejar abierta, al menos por principio, la posibilidad de que en uno o incluso en algunos casos las cosas se comporten diferentemente de cómo se ha afirmado en el juicio universal. Por consiguiente, también quien dice “todos los juicios universales legítimamente establecidos han sido hallados gracias a la inducción” tiene que dejar por principio abierta la posibilidad de que haya juicios universales legítimamente establecidos que sean conocimientos y que no hayan sido obtenidos inductivamente: no le es lícito dar a su juicio carácter apodíctico».
(F. WENISCH, La filosofía y su método, I, §5, 1. Trad. M. García-Baró. F.C.E., Madrid, 1987, pp. 32-33).