«Las impresiones pueden ser de dos clases: de SENSACIÓN y de REFLEXIÓN. La primera clase surge ordinariamente en el alma a partir de causas desconocidas. La segunda se deriva en gran parte de nuestras ideas, y esto en el orden siguiente: una impresión se manifiesta en primer lugar en los sentidos, y hace que percibamos calor o frío, placer o dolor de uno u otro tipo. De esta impresión existe una copia tomada por la mente y permanece luego que cesa la impresión: llamamos a esto idea. Esta idea de placer o dolor, cuando incide a su vez en el alma, produce nuevas impresiones de deseo y aversión, esperanza y temor, que pueden llamarse propiamente impresiones de reflexión porque de ella se derivan. A su vez, son copiadas por la memoria y la imaginación, y se convierten en ideas; lo cual, por su parte, puede originar otras impresiones e ideas. De modo que las impresiones de reflexión son previas solamente a sus ideas correspondientes, pero posteriores a las de sensación y derivadas de ellas».
(D. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, I, I, 2, 7-8. Trad. Félix Duque. Orbis, Madrid, 1981, p. 95. Esta misma traducción fue publicada anteriormente por Editora Nacional y posteriormente por Tecnos).
(D. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, I, I, 2, 7-8. Trad. Félix Duque. Orbis, Madrid, 1981, p. 95. Esta misma traducción fue publicada anteriormente por Editora Nacional y posteriormente por Tecnos).