Una proposición sólo posee sentido si es empíricamente verificable, pues toda proposición es o bien analítica o bien empírica.

«Hemos establecido con anterioridad que el sentido de una proposición descansa en el método de su verificación. Una proposición afirma solamente todo lo que resulta verificable con respecto a ella. Por eso una proposición, cuando dice algo, sólo puede enunciar un hecho empírico. Algo que estuviera por principio más allá de lo experimentable no podría ser dicho, ni pensado, ni planteado. Las proposiciones (con sentido) se dividen en las siguientes clases:

Primero, las proposiciones que son verdaderas en virtud de su forma (“tautologías” de acuerdo con Wittgenstein y que corresponden aproximadamente a los “juicios analíticos” de Kant): éstas dicen nada acerca de la realidad. Las fórmulas de la lógica y de la matemática pertenecen a esta clase. Por sí mismas no son enunciados empíricos, pero sirven para la transformación de tales enunciados. En segundo término, existen las formas inversas de tales proposiciones (“contradicciones”). Éstas son contradictorias y, por consiguiente, falsas en virtud de su forma.

Para todas las demás proposiciones la decisión sobre su verdad o falsedad residen en las proposiciones protocolares, por lo que son “proposiciones empíricas” (verdaderas o falsas) y pertenecen al dominio de la ciencia empírica. Cualquier proposición que se deseara construir y que no encajara en ninguna de estas dos clases devendría automáticamente en sinsentido. Ya que la metafísica no desea establecer proposiciones analíticas ni caer en el dominio de la ciencia empírica, se ve compelida bien al empleo de palabras para las que no ha sido especificado ningún criterio de aplicación, y que resultan por consiguiente asignificativas, o bien a combinar palabras significativas de un modo tal que no obtiene ni proposiciones analíticas (o, en su caso, contradictorias) ni proposiciones empíricas. En ambos casos lo que inevitablemente se produce son pseudoproposiciones».
(R. CARNAP, «La superación de la metafísica», en A. J. AYER (ed.), El positivismo lógico, III. Trad. L. Aldama y otros, modificada. F.C.E. Madrid, 1978, pp. 82-83).