«Qué clase de filosofía se elige, depende, según esto, de qué clase de hombre se es; pues un sistema filosófico no es como un ajuar muerto, que se puede dejar o tomar, según nos plazca, sino que está animado por el alma del hombre que lo tiene».
(J. G. FICHTE, Primera y segunda introducción a la teoría de la ciencia. Trad. J. Gaos. Revista de Occidente, Madrid, 1934).