«La mente, estando abastecida, como ya he declarado, de un gran número de ideas simples que llegan por vía de nuestros sentidos, según se encuentran en las cosas exteriores, o por vía de reflexión sobre sus propias operaciones, advierte, además, que un cierto número de esas ideas simples siempre van juntas; y que presumiéndose que pertenecen a una sola cosa, se las designa, así unidas, por un solo nombre, ya que las palabras se acomodan a la aprehensión común, y su utilidad consiste en expeditar la expresión de las ideas. De allí viene que, por inadvertencia, propendemos a hablar y a considerar lo que en realidad constituye una complicación de ideas juntas, como si se tratase de una idea simple. Porque, como ya he dicho, al no imaginarnos de qué manera pueden subsistir por sí mismas esas ideas simples, nos acostumbramos a suponer algún substratum donde subsistan y de donde resultan; el cual, por lo tanto, llamamos substancia». (JOHN LOCKE, Ensayo sobre el entendimiento humano, II, 23, 1. Trad. E. O’Gorman. FCE, México, 1999).