La vocación de un filósofo

«Mencionaré en primer lugar la tarea general que tengo que resolver por mí mismo, si pretendo llamarme filósofo. Me refiero a una crítica de la razón. Una crítica de la razón lógica, y de la razón práctica, y de la razón estimativa. Sin dilucidar, en rasgos generales, el sentido, la esencia, los métodos, los puntos de vista capitales de una crítica de la razón; sin haber pensado, esbozado, averiguado y demostrado un bosquejo de ella, yo en verdad no puedo vivir sinceramente. Bastante he probado los suplicios de la oscuridad, de la duda que vacila de acá para allá. Tengo que llegar a íntima firmeza. Sé que se trata de algo grande, inmenso; sé que grandes genios han fracasado en la empresa. Y si quisiera compararme con ellos, tendría que desesperar de antemano».
(E. HUSSERL, «Apunte de un diario correspondiente al día 25 de septiembre de 1906». Trad. M. García-Baró. M. GARCÍA-BARÓ, Husserl. Ediciones del Orto, Madrid, 1997, p. 56).