Crítica del escepticismo: las verdades lógicas son en sí mismas verdaderas

«—Además, ella [la dialéctica] me ha enseñado otras muchas verdades. Contadlas si podéis. Si hay cuatro elementos en el mundo, no hay cinco. Si el Sol es único, no hay dos. Una misma alma no puede morir y ser inmortal. No puede ser el hombre al mismo tiempo feliz e infeliz. No es a la vez día y noche. Ahora estamos despiertos o dormidos. Lo que me parece ver, o es cuerpo o no lo es.

Éstas y otras muchas proposiciones, que sería larguísimo enumerar, por la dialéctica aprendí yo que eran verdaderas, en sí mismas verdaderas, sea cual fuere el estado de nuestros sentidos. Ella me enseñó que si en las proposiciones enlazadas que acabo de formular se toma la parte antecedente, arrastra consigo la que lleva aneja; y las que enunciado en forma de oposición o disyunción son de tal naturaleza que, si se niega una de ellas o más, queda algo afirmado en ciertud de la misma exclusión de las restantes».
(AGUSTÍN DE HIPONA, Contra académicos, III, 13. Trad. V. Capánaga. B.A.C., Madrid, 1947, p. 199).