Exposición de una crítica del interaccionismo cartesiano: el alma, al ser inextensa, no puede entrar en contacto con el cuerpo, que es extenso

«El alma cartesiana es inextensa; pero posee una localización. Así pues, está situada en un inextenso punto euclidiano del espacio. Frente a Leibniz, Descartes no parece haber extraído esta conclusión de sus premisas; aunque localizó el alma “principalmente” en un órgano pequeñísimo, la glándula pineal. La glándula pineal era el órgano inmediatamente movido por el alma humana. A su vez, actuaba sobre los espíritus animales como la válvula de un amplificador eléctrico: dirigía los movimientos de los espíritus animales y, a través de ellos, el movimiento del cuerpo.

Ahora bien, esta teoría condujo a dos dificultades graves. La más grave de ambas fue la siguiente. Los espíritus animales (que son extensos) movían el cuerpo por empujes y, a su vez, eran movidos también por empujes, lo cual era una consecuencia necesaria de la teoría cartesiana de la causalidad. Pero ¿cómo podría ejercer el alma inextensa algo así como un empuje sobre un cuerpo extenso? Ahí había una inconsistencia».
(K. R. POPPER y J. C. ECCLES, El yo y su cerebro. I, cap. P5, 48. Trad. C. Solís. Labor, Madrid, 1982, p. 201).