El fundamento de las verdades de razón es el entendimiento divino, mientras que las verdades de hecho dependen de la voluntad de Dios

«Sin embargo, no debe imaginarse nadie, como lo hacen algunos, que siendo las verdades eternas dependientes de Dios, son arbitrarias y dependen de su voluntad, como parece haber pensado Descartes y, tras él, el señor Poiret. Esto es cierto sólo tratándose de las verdades contingentes, cuyo principio es la conveniencia o elección de lo mejor; las Verdades Necesarias, empero, dependen únicamente del entendimiento divino, cuyo objeto interno son».
(G. W. LEIBNIZ, Monadología, § 46. Trad. M. García Morente. Facultad de Filosofía de la U.C.M., Madrid, 1994, p.20).