«Surge así otra cuestión, y es si todas las verdades dependen de la experiencia, es decir, de la inducción y de los ejemplos, o bien si algunas tienen algún otro fundamento. Pues si resulta posible prever algunos acontecimientos antes de haberlos verificado, es evidente que para ello tenemos que contribuir con algo nuestro. Los sentidos, si bien son necesarios para nuestros conocimientos actuales, no bastan para suministrárnoslos todos, puesto que lo sentidos no proporcionan más que ejemplos, es decir, verdades particulares o individuales. Ahora bien, por grande que sea el número de ejemplos que confirman una verdad general, no basta para establecer la necesidad universal de dicha verdad, pues no se sigue que vaya a suceder de nuevo lo que ha pasado».
(G. W. LEIBNIZ, Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano, prefacio. Trad. J. Echeverría. Alianza Editorial, Madrid, 1992, p. 37).