El conocimiento de lo igual en sí es independiente de la experiencia sensible y se ha adquirido antes de nacer

«—Pero, no obstante, ¿no son esas cosas iguales, a pesar de diferir de lo igual en sí, las que te lo hicieron concebir y adquirir su conocimiento?
—Es enteramente cierto lo que dices.
—Y esto ¿no ocurre, bien porque es semejante a ellas, bien porque es diferente?
—Exacto.
—En efecto —dijo Sócrates—, ¿no nos ocurre algo similar en el caso de los leños y de esas cosas iguales que hace un momento mencionábamos? ¿Acaso se nos presentan iguales de la misma manera que lo igual en sí? ¿Les falta algo para ser tal y como es lo igual en sí, o no les falta nada?
—Les falta, y mucho —respondió.
—Ahora bien, cuando se ve algo y se piensa: esto que estoy viendo yo ahora quiere ser tal y como es cualquier otro ser, pero le falta algo y no puede ser tal y como es dicho ser, sino que es inferior, ¿no reconocemos que es necesario que quien haya tenido este pensamiento se encontrara previamente con el conocimiento de aquello a que dice que esto otro se asemeja, pero que le falta algo para una similitud completa?
—Necesario es reconocerlo.
—¿Qué respondes entonces? ¿Nos ocurre o no lo mismo con respecto a las cosas iguales y a lo igual en sí?
—Lo mismo enteramente.
—Luego es necesario que nosotros hayamos conocido previamente lo igual, con anterioridad al momento en que, al ver por primera vez las cosas iguales, pensamos que todas ellas tienden a ser como es lo igual, pero les falta algo para serlo.
—Así es.
—Pero también convenimos que ni lo hemos pensado, ni es posible pensarlo por causa alguna que no sea el ver, el tocar o cualquier otra percepción; que lo mismo digo de todas ellas.
—En efecto, Sócrates, pues su caso es el mismo, al menos respecto de lo que pretende demostrar el razonamiento.
—Pues bien, a juzgar por las percepciones, se debe pensar que todas las cosas iguales que ellas nos presentan aspiran a lo que es igual, pero son diferentes a esto. ¿Es así como lo decimos?
—Es así.
—Luego, antes de que nosotros empezáramos a ver, a oír y a tener las demás percepciones, fue preciso que hubiéramos adquirido ya de algún modo el conocimiento de lo que es lo igual en sí, si es que a esto íbamos a referir las igualdades que nos muestran las percepciones en las cosas, y pensar, al referirlas, que todas ellas se esfuerzan por ser de la misma índole que aquello, pero son, sin embargo, inferiores.
—Necesario es, Sócrates, según lo dicho anteriormente.
—Y al instante de nacer, ¿no veíamos ya y oíamos y teníamos las restantes percepciones?
—Efectivamente.
—¿No fue preciso, decimos, tener ya adquirido con anterioridad a estas percepciones el conocimiento de lo igual?
—Sí.
—En ese caso, según parece, por necesidad lo teníamos adquirido antes de nacer.
—Eso parece».
(PLATÓN, Fedón, 74 c - 75 c. Trad. Luis Gil. Editorial Labor, Barcelona, 1983).