«El racionalismo, en su sentido restringido y técnico, se opone invariablemente al empirismo, y aunque para evitar el exceso de simplificación hay que efectuar esta distinción con mucho cuidado, continúa siendo un punto de partida útil e inevitable en todo análisis de la filosofía racionalista.
El empirismo —palabra cuya raíz viene del término griego empeiria (experiencia)— es una tesis acerca de la naturaleza y los orígenes del conocimiento humano. Existen al respecto muchas variantes y distintas formulaciones, pero su afirmación esencial sostiene que todo el conocimiento humano procede en último término de la experiencia sensible.
Los racionalistas, en cambio, acentúan la función que desempeña la razón como algo opuesto a los sentidos en la adquisición del conocimiento. Algunos racionalistas condenan los sentidos al considerarlos como intrínsecamente sospechosos y carentes de fiabilidad para basar en ellos el conocimiento. Otros, sin embargo, aunque reconocen que en cierta forma la experiencia sensible es necesaria para el desarrollo del conocimiento humano, insisten en que jamás puede bastar dicha experiencia por sí sola. Todos los racionalistas acostumbran a defender la posibilidad de un conocimiento a priori. Esta clase de conocimiento a veces se define como un conocimiento poseído antes de la experiencia. Es mejor decir, no obstante, que una proposición se conoce a priori si su verdad puede establecerse con independencia de cualquier observación mediante los sentidos.
Los empiristas suelen sostener que las únicas proposiciones que podemos conocer a priori son aquellas de carácter no informativo: las tautologías del tipo “todos los solteros no están casados”, que no brindan ninguna información acerca del mundo, sino que dependen únicamente de las definiciones correspondientes a los términos que las componen.
La visión racionalista considera que el conocimiento a priori no se limita exclusivamente a las tautologías. Al contrario, los racionalistas formulan la chocante afirmación según la cual nosotros podemos, con independencia de la experiencia, llegar a conocer ciertas verdades importantes y esenciales con respecto a la realidad, la naturaleza de la mente humana y la naturaleza del universo y de lo que éste contiene».
(J. COTTINGHAM, El racionalismo, cap. I. Trad. J. A, Iglesias. Ariel, Barcelona, 1987, pp. 22-23, con la puntuación modificada).