«Un modo como se puede saber que una proposición es verdadera es, pues, que se siga a partir de alguna premisa o conjunto de premisas, de cada de las cuales se sepa ya que lo es con algún grado de certeza. Y algunos filósofos parecen haber pensado que ésta es la única forma en que se puede saber que una proposición es verdadera. Es decir, parece que han pensado que no se puede saber si una proposición es verdadera, a no ser que se deduzca de alguna otra proposición o conjunto de proposiciones de las que se sepa ya que son verdaderas.
Ahora bien, creo que es fácil ver que, si esta opinión es cierta, nadie ha podido saber nunca que una proposición cualquiera es, en el mínimo grado, probable. Porque si no puedo saber si una proposición cualquiera es verdadera o probablemente verdadera, a no ser que sepa primero que alguna otra proposición —de la cual aquella se deduce— lo es, entonces, evidentemente, yo no he podido conocer esta otra proposición, a menos que haya conocido antes una tercera proposición; ni tampoco esta tercera proposición si no he conocido una cuarta anterior a ella, y así sucesivamente ad infinitum. Dicho con otras palabras, se seguiría que nadie ha sabido nunca que una proposición es ni siquiera probablemente verdadera, a no ser que haya conocido previamente una serie enteramente infinita de otras proposiciones. Y es absolutamente seguro que nadie ha conocido una serie realmente infinita de proposiciones. Si esta tesis fuese cierta, entonces ni mi argumento ni el de mi oponente podrían ser un buen argumento: ninguno de ellos nos permitiría saber que la conclusión es, en el menor grado, probable. Y esto mismo sería cierto de cualquier otro argumento. Así que si esta opinión ―la opinión de que no podemos conocer ninguna proposición a menos que tengamos un buen argumento para ella― fuera cierta, entonces se concluiría que no podemos saber de ninguna proposición que es verdadera, puesto que nunca podremos tener un buen argumento para ella.
Por consiguiente, si mi argumento o el de mi oponente, o cualquier otro argumento, es un buen argumento, entonces tenemos que ser capaces de saber que al menos una proposición es verdadera sin conocer ninguna otra proposición de la cual aquella se deduzca. Y yo propongo llamar a este modo de saber que una proposición es verdadera conocimiento inmediato». (G. E. MOORE, Some Main Problems of Philosophy, chapter VI. George Allen & Unwin Ltd, London, 1969, pp.122-123. Trad. J.Q.).