La aceptación de un nuevo paradigma no se basa en su capacidad para resolver problemas, sino en la confianza en que en el futuro lo hará

«Pero en los debates sobre los paradigmas no se discute en realidad sobre las capacidades relativas para solucionar los problemas, aunque haya buenas razones para que se expresen habitualmente en estos términos. En cambio, lo que se discute es qué paradigma deberá guiar en el futuro las investigaciones que se lleven a cabo sobre problemas que ninguno de los competidores puede todavía resolver completamente. Es necesario decidirse entre formas alternativas de llevar a cabo la actividad científica y, en estas circunstancias, una decisión de este tipo debe basarse más en las promesas de futuro que en las realizaciones pasadas. Quien adopta un nuevo paradigma desde el comienzo con frecuencia lo hace dejando a un lado las pruebas proporcionadas por la solución de problemas. Debe confiar en que el nuevo paradigma logrará resolver en el futuro los muchos y vastos problemas que se le planteen, sabiendo únicamente que el viejo paradigma no ha logrado solucionar algunos. Una decisión de esta índole sólo puede tomarse con base en la fe».

(T. S. KUHN, La estructura de las revoluciones científicas, XII. Trad. A. Contín. F.C.E., Madrid, 1982, p. 244).